La Sierra Norte ya no espera, avanza

  • La Sierra Norte crece por primera vez en décadas y lo hace porque el territorio ha decidido su propio camino.
  • La vivienda es ya el mayor freno para nuestro desarrollo y no podemos permitir que limite el futuro de la comarca.
  • Un Estatuto del Pequeño Municipio es imprescindible para que los pueblos puedan cumplir sin ahogarse en burocracia.
  • Los cortes de luz y los apagones digitales son incompatibles con la vida y el emprendimiento rural.
  • La candidatura a Patrimonio Mundial ha unido a la comarca y ha demostrado que cuando caminamos juntos avanzamos más.
  • Eliminar el segundo pilar de la PAC sería un error histórico que pondría en riesgo a los Grupos de Desarrollo Rural.
  • Treinta años después, la Sierra Norte demuestra que, con apoyo y visión, el futuro rural es posible.

Treinta años después, ADEL Sierra Norte sigue cumpliendo con la misión para la que nació y que continúa plenamente vigente. Defender el futuro de una de las comarcas más dispersas y complejas de Europa. Treinta años acompañando a emprendedores, orientando a ayuntamientos, movilizando inversión y demostrando que el desarrollo rural funciona cuando nace del propio territorio. Celebramos esta trayectoria en el Palacio Ducal de Cogolludo. Un lugar que simboliza lo que somos. Historia, identidad y resistencia. Allí entregamos diecinueve reconocimientos y repasamos, con cifras pero sobre todo con personas, todo lo alcanzado. Más de veinticinco millones de euros gestionados. Más de mil ciento setenta y cinco proyectos impulsados. Cerca de mil empleos estables en una comarca que siempre ha tenido que pelear más que ninguna por cada oportunidad.

Hoy podemos decir algo que llevábamos demasiado tiempo sin poder afirmar. La Sierra Norte crece, y lo hace de verdad. El territorio gestionado por ADEL Sierra Norte alcanza ya los once mil cuatrocientos cuarenta y nueve habitantes en el año dos mil veinticinco, frente a los once mil trescientos setenta y tres del ejercicio anterior. Ya encadenamos tres años consecutivos de crecimiento y se confirma una tendencia sostenida que demuestra que revertir la despoblación es posible incluso en uno de los territorios más afectados de Europa, con densidades inferiores a tres habitantes por kilómetro cuadrado. Nada de esto responde a un repunte puntual. Es el fruto de un trabajo constante de ayuntamientos, emprendedores, administración regional y Grupos de Desarrollo Rural.

Los nuevos datos refuerzan algo que ya vivíamos en el día a día. Cuando se planifica desde el territorio y para el territorio, la despoblación deja de ser un destino inevitable. Haber sido pioneros en Castilla La Mancha con ayudas específicas para rehabilitar viviendas municipales, movilizando casi un millón de euros desde dos mil veintidós, nos ha permitido recuperar inmuebles y destinarlos a alquiler. Esa decisión está ampliando la oferta disponible y facilita la llegada de nuevas familias. Sin embargo, la vivienda se ha convertido en el principal freno para nuestro desarrollo. Si queremos consolidar esta tendencia positiva necesitamos más herramientas y un apoyo institucional más decidido. Sin vivienda no habrá futuro rural.

La segunda urgencia que debemos afrontar es la relacionada con la normativa. No podemos seguir exigiendo a ayuntamientos con dos o tres trabajadores la misma carga administrativa que a una gran ciudad o a un ministerio. Esta desproporción bloquea expedientes, retrasa inversiones y complica la gestión de fondos europeos justo en el momento en el que más necesarios son. Un Estatuto del Pequeño Municipio no sería un privilegio. Sería justicia territorial, pura y simple. Reconocería que la administración rural necesita un marco adecuado a su realidad.

El avance de la comarca también se apoya en la Ley contra la Despoblación de Castilla La Mancha, que ha marcado un antes y un después en la fijación de población y en el impulso del emprendimiento rural. Y se fortalece con un proyecto que ha unido voluntades como pocos en nuestra historia reciente. La candidatura de Sigüenza y su comarca a Patrimonio Mundial. No se trata únicamente de un reconocimiento cultural. Es una hoja de ruta que ha generado inversión, cohesión y autoestima en toda la Sierra Norte. Cuando caminamos juntos avanzamos más rápido y llegamos más lejos.

Pero la vida rural no puede sostenerse solo con ilusión y proyectos. Requiere servicios básicos asegurados. En la última Junta celebrada en Cantalojas volvimos a denunciar los continuos cortes de luz y los apagones digitales que sufren numerosos municipios. Nadie puede vivir, trabajar ni emprender con microcortes semanales que interrumpen comunicaciones, dañan equipos y paralizan actividades. No aceptaremos que en pleno siglo veintiuno haya pueblos que funcionan con infraestructuras propias del siglo pasado. Lo mismo ocurre con la gestión de vertidos. Los pequeños municipios no incumplen la normativa por falta de voluntad, sino por falta de medios. ADEL será su altavoz, como ya lo está siendo. No tenemos competencias directas, pero sí tenemos compromiso.

A pesar de estos retos, seguimos impulsando oportunidades. La Junta Directiva acaba de aprobar tres nuevas convocatorias de ayudas que verán la luz a comienzos de dos mil veintiséis. Se trata de líneas potentes, realistas y orientadas a quienes desean emprender, reforzar su actividad o iniciar un nuevo proyecto de vida. Queremos que quienes se marcharon regresen. Queremos que quienes dudan den el paso. Queremos que nadie descarte vivir en la Sierra Norte por falta de apoyo. Porque aquí hay futuro. Y ADEL está para respaldarlo.

Lo defendemos con firmeza en un momento en el que Europa debate suprimir el segundo pilar de la PAC y diluir a los Grupos de Desarrollo Rural en un Fondo Único sin financiación específica. Sería un error histórico y una renuncia injustificable a una herramienta que ha demostrado durante décadas que funciona. Apoyamos el manifiesto de RECAMDER porque defender LEADER significa defender igualdad, cohesión y oportunidades. Significa defender a nuestros pueblos.

Treinta años después seguimos con la misma convicción. La Sierra Norte tiene futuro. Lo vemos en quienes emprenden, en quienes regresan, en quienes se quedan y en quienes sueñan con un pueblo como lugar para vivir y trabajar. Nuestro deber es no fallarles. Nuestro deber es seguir peleando por vivienda, por servicios dignos, por una normativa justa y por los recursos que Europa debe garantizar.

Este territorio ha demostrado que, cuando se le escucha y se le respalda, responde.
El futuro rural se escribe desde aquí.

María Jesús Merino, presidenta de ADEL Sierra Norte

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